publicado: Jueves 12, de Mayo de 2022
La maestra que creo los versos del himno de la escuela Darío Salas
La profesora Raquel Harris Casanova dejó un importante legado en La Compañía Baja en el ámbito de la enseñanza en un colegio que cumplió 132 años y que en el mes del patrimonio es importante destacar, sobre todo porque su familia tuvo una vinculación directa con el paso de Gabriela Mistral por el sector a principios de 1900

El paso de Gabriela Mistral por La Compañía Baja constituye uno de los tesoros más importante que guarda este sector. Aunque de la escuela donde efectuó clases quedan sólo algunas paredes, sí entre algunos vecinos aún existen recuerdos. Es el caso de la profesora Raquel Harris Casanova, quien confiesa que su madre con seis años estuvo entre quienes conocieron a la poeta.

 

 

Aunque nació en Chuquicamata en 1932, gran parte de su vida lo pasó en Las Compañías y está próxima a cumplir 90 años. Su padre fue Enrique Harris Silva y su madre Berta Casanova Rojas y se desenvolvió en una familia  de seis hermanos. “La mamá de Gabriela, la señora ‘petita’ tenía la pensión donde mi abuela Andrea Rojas. Ella le daba la comida a doña Petita y a  Lucila”,revive en su hogar en la localidad de Marquesa donde vive actualmente.

 

Su abuela murió a los 41 años, “fue famosa en Las Compañías al ser la única partera que existía. Este sector era un pueblo repartido entre  Punta de Teatinos, La Compañía Alta y otros pueblos chicos y atendía  los partos. Ella montaba a caballo y usaba pistola al cinto luego que la llamaban en la madrugada y cruzaba cerros para atender enfermos”, rememora.

 

Su arribo  a La Serena, y, sobre todo, a Las Compañías, aún lo tiene en su memoria. “Tengo  recuerdos tan lindos. Cuando llegué a La Serena mi hermano estaba en La Compañía Baja viviendo con el tío Julio Harris, hermano de mi padre, y me fue a encontrar en una victoria (coche tirado por caballos) y para mí fue una novedad tremenda. Atravesamos un callejón y había una noche de luna preciosa y a la orilla del callejón existía un canal donde en el agua se reflejaba la luna, para mí fue muy lindo”, recuerda.

 

Cuando llegó al área poblada su sorpresa fue mayor. Descubrió que las calles se alumbraban con lámparas a carburo, “había un señor que se encargaba de cargar las lámparas y se subía a una escalera para colocar el carburo y en la tarde le echaba el agua y prendía. La iluminación estaba hasta que duraba el carburo. Las calles en ese entonces no tenían nombres y la gente se movilizaba a pie. Me recibió mi tío Julio y mi tía  María. Estaban sentados, pero con la oscuridad no los veía, porque venía de Chuquicamata con un exceso de iluminación y llegar a una pieza iluminada con una lámpara de carburo fue difícil. Pero, con el tiempo fueron colocando las instalaciones (luz  eléctrica)”.

 

Por años vivió  en calle Eleuterio Fredes 230 al lado del canal Jaramillo. De Chuquicamata llegó a estudiar al liceo de Niñas de La Serena y posteriormente pasó a la escuela normal donde se recibió de profesora. Con el tiempo se encariñó con La Compañía Baja.

 

Confiesa que es un orgullo que su abuela participase en las clases  que impartió Gabriela Mistral. “Cuando estudié en la escuela de Chuquicamata en quinto primario había que colocar qué se quería hacer cuando grande y mi composición fue que me gustaría ser poeta como Gabriela Mistral para repartir versos por el mundo, y eso me valió el primer premio del trabajo literario”, rememora con orgullo.

 

Pero, su interés por las letras no quedó ahí y fue la antesala para acceder a la docencia, “siempre quise y me gustó ser profesora. Mi mamá deseaba ser docente y no pudo, a pesar de que fue reconocida por la directora porque desde chica recitaba poesía y daba discursos  al recibir las visitas”.

 

Egresó de la escuela Normal en 1955 y en 1956 efectuó la práctica en Las Compañías y luego fue destinada a un colegio de Andacollo donde fue elegida la mejor maestra de la comuna y construyó su propia sala de clases. “Cuando me nombraron me pasaron un aula de tabla y con el  tiempo efectué beneficios y levantamos una  sala de adobes y aprovechamos la madera de la sala vieja y colocamos piso y cielo y el señor Findel (Gerardo) me conocía y me regaló  los vidrios y la pintura  para la sala”, remarca.

 

6_desde  muy joven la senora raquel se sintio atraida por la educacion y  ensenar. 

En la comuna minera igualmente está el recuerdo de haber creado una huerta escolar con el apoyo  de un agricultor de Las Compañías quien le regaló los almácigos.

 

En 1961 fue destinada definitivamente a un establecimiento educacional de Las Compañías donde estuvo hasta 1973. Se trataba de la Escuela 18, hoy Darío Salas. De hecho, el lunes 9 de mayo de 2022 se celebró su aniversario 132. Es el mismo recinto que a principios del 1900 efectuó clases Gabriela Mistral, aunque actualmente existen sólo algunas paredes. Un inmueble que estaba al lado de un retén de Carabinero que aún funciona. En su caso comenzó su  labor en el actual establecimiento que espera ser remodelado completamente. “Antiguamente se llamaba Escuela 18”, refuerza.

 

EL LEGADO DEL HIMNO

 

Pero su labor no sólo estuvo en el ámbito educacional, también se dio el tiempo de confeccionar el himno del colegio Darío Salas. “Siempre decía, esta escuela a la cual quiero tanto, no tiene un himno, hasta que un día, a los pies de la cama de mi madre, le dije lo que deseaba y me contestó que yo era capaz y me motivó. Si soy alguien es porque mi madre me motivó toda la vida. ‘Tú eres capaz Raquel, lo puedes hacer’ me dijo y empecé y de un tirón lo saqué. Se llama himno a la Escuela 18, yo hice los versos y la música la colocó el entonces Regimiento  Arica”.  Incluso, durante la entrevista se da el tiempo de recitarlo. No puede evitar la emoción.

 

La docente cree que esa escuela debió llamarse Gabriela Mistral porque asegura que  allí comenzó a ejercer la poeta, “incluso, en una de las paredes del colegio Darío Salas hicieron el retrato de ella”.

 

Por  su aporte del himno fue reconocida ante todo el alumnado. “Estaba hinchada de orgullo y sentía mucha satisfacción porque entregué bastante cariño y trabajo en Las Compañías. En la mañana hacía clases al séptimo y octavo en castellano, en la tarde atendía a mi curso común y en la noche hacía clases en la escuela nocturna, y, además, fui la creadora de la biblioteca de la escuela. Para ello efectuamos muchos beneficios y en Santiago compramos los libros que podían servir. Incluso, me amarré atendiendo la biblioteca los sábados y domingo”, remarca.

 

Admite que en Las Compañías fue inmensamente feliz, “la gente me quiso mucho, porque les serví, luego que sabía leer y escribir y en esa época muy pocos estudiaban. Es por ello que los vecinos me pedían que les hiciera cartas, telegramas o leyera las cartas, por eso que en Las Compañías también hice alfabetización a los adultos para enseñarles”, puntualiza.

 

En   1973 y a los 41 años se casó con Eduardo Zepeda que tenía 48  abandonando paulatinamente la docencia y se concentró en una parcela en Marquesa adquirida por su esposo. Sin embargo, como profesora se retiró definitivamente en 1981 en la subdirección de la Escuela 5 del centro de La Serena. “Mi marido deseaba tener un campo y animales, hasta que llegó a comprar siete parcelas. Falleció el 2004 y duramos 30 años casados”, precisa.

 

Actualmente vive en este lugar junto a su hijo Eduardo Zepeda Harris de 42 años y le colabora  en el emprendimiento turístico que  desarrolla en el  lugar.

 

Confiesa que le hubiese encantado haber vuelto a Las Compañías como directora del colegio Darío Salas, “incluso, me ofrecieron  la dirección de la escuela de Talcuna, pero en Marquesa formé un grupo de damas  católicas y comenzamos a colaborar con la iglesia. A La Compañía Baja la quiero mucho, me recibió niña y me despidió casada. Yo me dediqué a la educación”, subraya.

 

TESTIGO DE LA ABNEGACIÓN

 

Dentro de los alumnos que recuerda es Raúl Godoy Barraza, quien integró un curso que efectuó una gira a Santiago y que terminó en el propio palacio de La Moneda. “Y se retrataron con Eduardo Frei Montalva y salimos en primera plana en El Mercurio. Fue una época hermosa”, sintetiza.

 

Actualmente Raúl Godoy trabaja en La Municipalidad de La Serena  y asegura que tiene los mejores recuerdos del  trabajo impulsado por la profesora Raquel Harris. “Hay mucho agradecimiento, porque fue la persona que directamente a uno lo educó, enseñó a leer, a escribir. Además, tenía familia en Las Compañías.  Además, dentro de las cosas importantes que también recuerdo, es que su madre, Berta, había sido alumna de Gabriela Mistral en unas salas que están al lado del retén de Carabineros. Fue una persona muy dedicada a enseñar y a lo social, una verdadera maestra. Fue muy admiradora de Gabriela Mistral”, manifiesta Godoy.

 

El también ex consejero regional destaca que, a pesar de la falta de recursos de los colegios, la docente se encargó de que a nadie le faltará nada. “Ella era una muy buena persona, entregaba buena parte de su tiempo, incluso de sus recursos, para que a nadie le faltara nada”.

 

LOS ENCUENTROS MUSICALES CON PEÑA HEN

 

Junto a la educación, la señora Raquel posee recuerdos del músico Jorge Peña Hen. Fue su profesor de canto en el liceo de Niñas. “Después se formó el conservatorio regional de música que empezó con la clase de canto, donde fui alumna pionera. Había que tener 28 años para comenzar a estudiar y vino una comisión de Santiago a tomar el examen y don Jorge integraba la comisión, quien me pregunta qué iba a cantar, le dije ‘Torna surriento’, ‘yo la acompañó en el piano’, me señaló. Llegué a transformarme en soprano segunda y fui cantante solista del coro de Jorge Peña Hen. Hicimos giras a Copiapó, y canté en los retablos de navidad que se efectuó en el Parque Pedro de Valdivia. Jorge Peña fue compañero en el liceo Gregorio  Cordovez de mi hermano”.

 

 


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